Aparte de su singular tonalidad, las casas de Prádena son, en estructura y apariencia, similares a las de la arquitectura negra del Ocejón: achaparradas, de gruesos muros y con puertas y ventanas pequeñas para conservar el calor en invierno y evitarlo en verano.
Como aquellas, estas edificaciones se integran perfectamente en el paisaje, constituyendo un buen ejemplo de arquitectura sostenible.
Prádena está bañada por el río Pelagallinas. No es que en sus aguas se desplumen estas aves domésticas; su simpático nombre procede del latín «pera galena» o «pela galena» (piedra blanca), en referencia a la piedra blanca que aflora en la sierra del Alto Rey.
El tiempo y el uso fue variando el primitivo nombre hasta convertirlo en el actual. Del río se dice que, si en la amanecida de San Juan te lavas la cara con su agua, no tendrás sueño durante todo el año. La promesa es un buen reclamo para conocerlo.
El río está escoltado por una orla de alisos y sauces negros que dan el contrapunto a los pinos y espinos que pueblan las zonas altas. Además, posee una zona de turberas que es una auténtica rareza en la Sierra Norte de Guadalajara. En ella viven especies muy interesantes como las drosseras, una planta carnívora. Su gran biodiversidad y alto valor ecológico aconsejaron protegerla bajo el paraguas de Reserva Fluvial, hoy integrada en el Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara como Zona de Protección Especial.
Ruta del río Pelagallinas
DISTANCIA | DESNIVEL | DURACIÓN |
---|---|---|
10 km (Ida). | +359 m | 2h 10 min |
El kilómetro cero de la excursión se sitúa poco antes de entrar en el pueblo, en un aparcamiento que hay antes de cruzar el río. Pero previamente, es menester darse un paseo por el pueblecito y visitar la sencilla iglesia de la Natividad de Nuestra Señora de estilo románico rural.
Muy cerca está la Casa de la Maestra, convertida en Ayuntamiento. Ambas construcciones son buenos ejemplos de la arquitectura dorada.
Iniciamos la ruta por el amplio carril que comienza al final de la calle Tetuán y que nos permite apreciar el valle del Pelagallinas. Poco después aparece un fresno centenario, un árbol de 16 metros de altura y 4,90 metros de perímetro incluido en el Catálogo de Árboles de Interés Provincial.
El carril prosigue protegido por muretes a ambos lados y en un momento dado aparece el desvío que baja al antiguo puente del Batán. Visitarlo no nos llevará mucho tiempo. De nuevo en nuestro camino y casi un kilómetro después, nos encontramos con la fuente de Matalengua.
En verano es fácil que esté seca, de modo que no hay que confiarse y llevar agua en abundancia en esa época. El valle se ensancha y avistamos toda la falda norte del Alto Rey. A unos dos kilómetros y medio del pueblo cruzamos el arroyo Valgrande y poco después el arroyo de Casaquemada, dejando a la derecha las parideras del Covachón.
Casi sin darnos cuenta llegamos a un promontorio de piedra que hace las veces de mirador. A la izquierda, en la base de un cortado que tiene el aspecto de una cantera pero que es natural, se divisa la Cueva del Oso. Una leyenda, cuenta que fue refugio del Cid Campeador una noche.
Para visitarla hay que bajar hasta el río, cruzarlo por un vado y subir hasta ella. En pleno invierno, el paso puede complicarse por el volumen del caudal.
Muy cerca del vado, aguas abajo, están los Pozos Negros. Por mucho que nos gustara en verano darnos un chapuzón, no será posible porque el baño está prohibido por ser refugio de pesca.
Retomamos el camino para continuar la ruta hacia el oeste. Es fácil que sobre nuestras cabezas planeen buitres leonados y hasta algún águila real y halcones peregrinos, aunque si no se está versado en la observación de aves todas pasarán por lo mismo.
Mucho más difícil será ver al esquivo gato montés y a las tímidas nutrias que viven en las frías aguas del Pelagallinas.
Cuando el río traza un giro de noventa grados y se orienta al norte es el momento de abandonar el camino y cruzar el río, más o menos en la confluencia de este con el arroyo del Cuervo, para continuar por el amplio camino que se ve al otro lado.
Entramos en zona de pinares. El Pelagallinas no tarda en hacer un nuevo quiebro que le deja orientado hacia el oeste. La amplia pista se hermana al río y por el interior del pinar nos conduce sin dejar lugar a la duda hasta el área recreativa del río Pelagallinas, situada al borde la carretera GU-147, a mitad de camino entre Aldeanueva de Atienza y Condemios de Arriba.
Habremos caminado unos diez kilómetros, y si no se ha dejado un coche en este lugar tocará desandar el camino hasta Prádena, lo cual no es del todo malo, pues permitirá obtener una perspectiva diferente de este bello valle fluvial.
Datos prácticos
Comienzo: Prádena de Atienza.
Tipo: lineal.
Longitud: 10 km solo ida.
Desnivel: +359 y -138 m solo ida.
Mapas: hojas 433-4 y 3 escala 1:25.000, del IGN
Info: para saber más de la Reserva Fluvial sugerimos consultar https://bit.ly/pelagallinas
Track: https://desni.in/pelagallinas