El desarrollo minero del macizo de Ándara comenzó a mediados de la década de los cincuenta del siglo XIX, cuando distintas empresas mineras, entre ellas la recién creada Compagnie Royale Asturienne des Mines, inician prospecciones en busca de mineral de cinc en la parte occidental de Cantabria.
Estas primeras explotaciones desataron, en palabras de La Voz de la Liébana, «una verdadera fiebre minera» cuando muchas personas, sin conocimientos técnicos, ni capital, se dedicaron a denunciar concesiones mineras con intenciones especulativas. Algunos hicieron fortuna, pero la mayoría de las concesiones no llegaron a ser explotadas.
Una vez descubiertos los ricos yacimientos de calaminas en el macizo de Ándara a mediados del siglo XIX se constituyó la Sociedad de La Providencia. El banquero parisino Evangelista López se comprometió a conceder un préstamo de 135.000 francos para iniciar las explotaciones y, a su vez, se hizo cargo de la dirección de la empresa. Después de una serie de importantes divergencias entre los socios y el socio capitalista se constituyó una nueva sociedad que llevó el nombre de La Providencia, Sociedad de Minas del Océano.
Las labores de dirección de la explotación fueron encomendadas al ingeniero Benigno Arce, quien llevó a cabo importantes infraestructuras viarias como el camino minero entre La Hermida y Ándara, así como unos cuantos casetones mineros. También construyó en el Dobrillo un horno para tostar las calaminas y reducir su peso. No era ésta una cosa baladí, ya que el mineral se tenía que transportar en carros de bueyes hasta La Hermida, donde era cargado en chalanas que descendían por el río Dobra hasta el embarcadero de la ría de Tina Mayor. La Sociedad Especial Minera La Esperanza, que se constituyo más tarde, tuvo que construir un nuevo camino carretero hasta Ándara por Urdón y Tresviso, ya que la Dirección General de Minas le prohibió utilizar el camino de Bejes propiedad de La Providencia.
A principios de los años ochenta, la Sociedad La Esperanza entró en una profunda crisis financiera y en 1888 se hizo con la explotación el abogado santanderino Juan Manuel de Mazarrasa. Éste arrendó la explotación de sus concesiones mineras a La Providencia y el mineral fue vendido, sobre todo, a la Compagnie Royale Asturienne des Mines.
En 1896 se hizo cargo de las minas el hijo de Juan Manuel, el ingeniero de minas Agustín de Mazarrasa, comenzando así la explotación independiente de La Providencia.
A finales de los años veinte, Mazarrasa y La Providencia cesaron sus labores extractivas en Ándara. No obstante, en 1940 las minas de Herederos de Mazarrasa comenzaron a ser explotadas por una nueva empresa, Minero-Metalúrgica de Ándara, S.A., cuyos accionistas eran en gran parte miembros de la familia Mazarrasa.

En 1960, los más importantes yacimientos mineros de Ándara fueron adquiridos por la Sociedad Minera de los Picos de Europa comenzando la última época de explotación de este campo minero, centrándose, sobre todo, en la mina que hay junto al casetón en la canal de las Vacas, que, milagrosamente, se conservó convirtiéndose en refugio de montañeros. Las actividades extractivas cesaron completamente en 1975.
Itinerario
En el Jito Escarandi comienza la pista que va hacia el refugio Casetón del Ándara en donde se encuentran la minas mejor conservadas del campo minero de Ándara. El casetón se construyó literalmente pegado a la pared oeste de la Pica de Mancondiú y está tan camuflado con el entorno que no lo veremos hasta tenerlo delante de nuestras narices. Una antigua vagoneta sobre unos raíles delatarán su presencia ante de que lo veamos. En este punto seguiremos el camino minero que rodea el pico Macondiú por el norte. Al llegar a una bifurcación abandonamos el camino minero, que se dirige hacia Bejes y seguimos por otro camino que, a nuestra derecha, asciende hacia el collado de Ándara, por el que se accede a la vega de Ándara. Casi debajo de la cumbre del Castillo del Grajal, encontraremos los restos de los casetones mineros de la Sociedad de la Providencia. La situación de ruina total en la que se encuentran no pueden darnos la medida de la gran actividad minera que albergaron a finales del siglo XIX. Justo frente a los casetones y en la ladera oeste del pico Samelar se abren las bocaminas y escombreras de las antiguas explotaciones.
Una vez visitados los restos mineros de la Sociedad La Providencia, regresamos sobre nuestros pasos para ir al collado Tresmacondiu. Un poco antes de alcanzarlo debemos buscar un pequeño camino armado que sale por nuestra izquierda, es decir, al sudoeste. Un gran hoyo de las antiguas prospecciones mineras nos puede servir de referencia. El camino minero, muy marcado, remonta el terreno donde se encontraban las concesiones de La Providencia, y por eso encontraremos muchas calicatas, trincheras y pozos. El camino sube por la canal del Callejón hasta alcanzar el collado del Mojón. Casi en la misma cumbre del Grajal de Abajo hay unas ruinas de una pequeña cabaña minera. Seguimos nuestro viaje de exploración bordeando el Grajal de Abajo para llegar a otro collado que hay entre los dos Grajales desde donde damos vista a los Vallejucos y a las Traviesas de los Grajales, al norte, y al sur, la cabecera de la canal de las Arredondas.
Seguimos hacia el oeste por las lazadas que hace el camino minero, que en un recodo comienza el descenso hacia el Hoyo de Evangelista. En esta parte el camino armado se encuentra muy deteriorado y hay que descender con precaución. En este Hoyo hay una pequeña explotación minera, justo en la pared meridional del Grajal de Arriba. Hay que anotar que el jou heredó el nombre del primer director general de la Providencia, Evangelista López.
Después de visitar la pequeña explotación retornamos al collado entre los Grajales. Una vez allí, en lugar de regresar por el mismo camino, descendemos a nuestra izquierda, es decir, hacia el norte, por una fuerte rampa con muchas pedreras. La primera parte es muy incómoda pero va mejorando según descendemos hasta alcanzar un buen sendero en las Traviesas del Grajal de Abajo, a la altura de Los Vallejucos. Seguimos un tramo por las Traviesas, pero antes de alcanzar los casetones de las minas de Mazarrasa, buscaremos un sendero a nuestra izquierda que desciende a la majada del Redondal. Esta majada, donde, por cierto, hubo un lago que desapareció a causa de una explosión, cuenta con más de una treintena de pequeñas cabañas habilitadas entre las rocas de un gran desprendimiento que fueron utilizadas por los mineros. Restos de barrenas clavadas en las paredes, algunos pequeños hierros como camastro, raíles de ferrocarril a modo de perchas, platos y suelas de goma del calzado nos lo confirman. Seguimos por el borde meridional del antiguo lago de Ándara, donde encontramos unas cuantas bocaminas y escombreras, hasta alcanzar el collado de Aldea y el refugio Casetón de Ándara, desde donde descendemos al Jito de Escarandi, bien por el camino minero por el que subimos de buena mañana, o por un viejo camino que desciende por la Canal de las Vacas. Si optamos por éste último llegaremos a la majada de la Mazuca, donde hay varias cabañas en estado de ruina, Una vez allí sólo hay que subir un poco a la izquierda para llegar al camino minero.
Datos de interés
- Punto de partida y llegada: Jito de Escarandi.
- Cómo llegar: desde Cangas de Onís seguir por la AS-114 hasta Arenas de Cabrales, y después por la AS-264 hasta Puente Poncebos y Sotres. Atravesar este último pueblo para continuar por la carretera en dirección a Tresviso para llegar al Jito de Escarandi, que está a unos 3,5 km del pueblo. El lugar se reconoce bien porque tiene un amplio aparcamiento.
- Cartografía: Macizo Central y Oriental, 1:25.000. de. Miguel Ángel Adrados. Macizo Central y Oriental, 1:40.000. de. Alpina. Hojas 56-III y IV del IGN. 1:25.000
- Alojamiento: en Sotres hay una pensión, dos hoteles y varios albergues. Se puede consultar la oferta en la página www.cabrales.org, o llamando a la oficina de turismo de Cabrales: 985 846 484 (sólo verano) o al Ayuntamiento el resto del año: 985 845 021. El refugio de Ándara permanece abierto y guardado durante los meses de verano y fines de semana. Tel: 671 404 277 y 985 846 487.
- Desnivel: +950 m.
- Dificultad: alta. El itinerario es bastante largo y no siempre el camino a seguir está claro.
- Tiempo: 7 horas.

Esta iniciativa cuenta con la colaboración, entre otros, del Grupo de Acción Local Liébana, en ejecución del Convenio de colaboración firmado con la Mancomunidad de Liébana y Peñarrubia para la realización desde el Grupo de las acciones de promoción y dinamización del Plan de Sostenibilidad Turística de la Comarca de Liébana financiado por la Secretaría de Estado de Turismo del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo del Gobierno de España; la Consejería de Industria, Turismo, Innovación, Transporte y Comercio del Gobierno de Cantabria y la Mancomunidad de Liébana y Peñarrubia (formada por sus 8 ayuntamientos).