La Gomera tiene una forma casi circular con un diámetro de veinticinco kilómetros. Es la única isla de Canarias en la que no ha habido erupciones volcánicas “modernas”, por lo que la erosión ha actuado con mayor continuidad creando relieves muy diferenciados. El centro de la isla está ocupado porun antiguo cono volcánico cubierto por un bosque de laurisilva, regada por la “lluvia horizontal” que los alisios dejan en el interior montañoso.
La laurisilva, que forma el núcleo del Parque Nacional de Garajonay, es la mejor representación de este bosque desaparecido de la cuenca mediterránea hace millones de años. De este cono volcánico se desprende una red de profundos barrancos que se despeñan desde las alturas hasta el mar. A lo largo de los siglos los gomeros construyeron una red de caminos que sorteaban con sabiduría los obstáculos que ponía un territorio tan abrupto. Antes de que las carreteras y pistas se abrieran paso en fechas recientes, no había otro modo de ir al médico, comprar aceite o llevar millo al molino que utilizar estas estrechas veredas que hoy han dado forma a una malla que vertebra dos Caminos Naturales.
Del primero, el denominado Camino Natural Cumbres de La Gomera,ya nos ocupamos en el capítulo dedicado a los Caminos Naturales de montaña, y ahora le toca el turno al segundo, al Camino Natural Costas de la Gomera que discurre por la franja costera de la isla coincidiendo con el sendero de gran recorrido GR-132. El Camino Natural Costas de la Gomera es un largo itinerario circular de ciento cuarenta kilómetros dividido en ocho etapas con una variante. El Camino tienen principio y fin “oficial” en San Sebastián de La Gomera, capital de la isla. Naturalmente, el excursionista puede comenzar en cualquier punto del camino al que se puede acceder mediante transporte público o privado.
Recorrer este centenar de kilómetros, da la oportunidad al viajero de conocer todos los elementos paisajísticos de la isla: bosques de pino canario, laurisilva, fayales, sabinares, pitones volcánicos, “órganos” de basalto, barrancos, playas, bancales abandonados, extensos campos de plataneros… en fin, todo el mosaico de paisajes que convierten a La Gomera en una de las islas más mágicas del mundo, como reconoció la UNESCO en 2012 cuando la declaró Reserva Mundial de la Biosfera en la categoría de «excelente»