La vertiente meridional de la cumbre central de Gran Canaria está delimitada por una gran depresión de unos 35 kilómetros cuadrados que se conoce como la Caldera de Tirajana. Aunque su forma recuerda a la de un gran cráter, su origen se debe a procesos erosivos singulares, los cuales han modelado un relieve muy abrupto por el que discurre un itinerario que nos asoma continuamente al vacío. Ascender por el emblemático Risco Blanco y atravesar los casi inaccesibles Cañadones Sombrío y del Jierro, son algunos de los hitos que pondrán a prueba nuestra adrenalina.
Una de las mayores satisfacciones que podemos tener a la hora de realizar un itinerario es la de pasar por lugares en los que no parece posible que haya camino. Si ese reto viene aderezado con retazos de historia, múltiples valores naturales y paisajísticos y una pizca de aventura, el resultado se llama Riscos de Tirajana.
Enclavados en el corazón de Gran Canaria y mirando al sur, los Riscos forman una gran muralla circular, de más de diez kilómetros de longitud y casi mil metros de desnivel desde su base, cuyos extremos no llegan a tocarse porque el barranco de Tirajana lo impide.
Esta soberbia muralla delimita una gran depresión erosiva que se formó debido a numerosos deslizamientos constatados desde hace poco más de medio millón de años hasta fechas muy recientes. Tales son los valores que albergan estos riscos que gozan de la protección que les brinda la figura de un Monumento Natural que está incluido en la Reserva Natural Especial de Los Marteles.
Si consideramos que por el oeste limita con el Parque Rural del Nublo, el conjunto nos da una idea de la calidad natural que encierran estos parajes. Al margen de la presencia de numerosas especies amenazadas tanto de flora como de fauna, los valores geológicos, geomorfológicos y paisajísticos constituyen el plato fuerte de los Riscos de Tirajana.
Incrustado en este gran escenario, clavado como un diente, se halla Risco Blanco, el Humiaga sagrado para los antiguos canarios, un gran pitón fonolítico de casi cuatro millones de años que la erosión dejó al descubierto. En este escenario de las verticales paredes y pasos angostos puede que la niebla nos traiga el eco de las pisadas desesperadas del líder Bentejuí en su huida hacia la Fortaleza de Ansite.
Itinerario
Desde La Culata, hacia el sureste abandonaremos la estrecha carretera por la pista asfaltada que a nuestra izquierda nos lleva a un grupo de casas situadas en lo alto de la loma. Las amplias vistas nos permitirán divisar a lo lejos los impresionantes paredones que atravesaremos unas horas más tarde.
Risco Blanco destaca a nuestra izquierda. Rebasada la última casa nos dirigiremos de frente hacia la pared del barranco que desde aquí parece poco accesible. En su base se inicia un empinado ascenso pasando por el tramo conocido como el Paso del Perro, el cual está formado por varios escalones, alguno de ellos bastante expuesto. La visión de Risco Blanco es apoteósica.
Tras un ligero llaneo afrontaremos un segundo tramo muy empinado. Siguiendo la ladera, que se convierte en una lámina de roca inclinada, alcanzaremos un andén muy cómodo y panorámico que nos dará un respiro tras la prolongada subida.
El andén conecta con la pista forestal del pinar de repoblación de Mesa de las Vacas. Merece la pena abandonar la pista y atrochar por el pinar para conectar con la pista más arriba y ahorrarnos una gran vuelta.
Continuaremos por la pista hasta un cruce en la cota de 1.772, tomando el ramal izquierdo hasta alcanzar la poco frecuentada carretera que nos hará pasar junto al campo de antenas y un helipuerto, llegando finalmente al cruce de acceso al Pozo de Las Nieves.
Un panel informativo sobre la historia de los pozos de nieve señala el comienzo de una senda empedrada que permite acceder a uno de ellos y continuar por la vereda que se observa justo detrás y que se dirige al inconfundible Puntón de La Agujerada.
Cruzaremos la ladera entre pinar, desviándonos a la derecha, muy cerca del Puntón, para subir por una rampa de roca y coronar el Pozo de las Nieves, techo insular con 1.949 metros. En el aparcamiento del mirador y a la izquierda tomaremos el sendero que conduce a la Degollada de Los Canalizos o Piedras Blancas, punto donde abandonaremos el camino principal por la izquierda para adentrarnos en el Cañadón Sombrío.
La senda se precipita y desciende en cortas lazadas entre los intimidanete paredones verticales del Cañadón llevándonos, aparentemente, hacia el abismo. Pero se trata de un efecto óptico. Un pino solitario a modo de baliza y la vereda que se dibuja a nuestra derecha marcan el camino.
El sendero de salida del Cañadón Sombrío está colgado en las alturas y nos dirige hacia el Cañadón del Jierro, al que accederemos a través de una ventana en la roca. El Cañadón del Jierro es un majestuoso santuario donde nos sentiremos muy pequeños.
En dirección a su cauce atravesaremos un paso colgado en el vacío equipado con unas tablas sujetas a la pared y un pasamanos. Más abajo, evitaremos un salto vertical en el cauce del cañadón pasando por una estrecha y delicada repisa, que no está equipada.
La salida del Cañadón del Jierro nos llevará hacia la Degollada del Paso de Panantón y el Lomo de La Fama. Ya en la Degollada del Lomo de Vera giraremos a la izquierda para conectar con el cauce del barranco y las primeras casas. Por carretera alcanzaremos el punto de partida.
Ficha práctica
Situación: Monumento Natural de Riscos de Tirajana. Gran Canaria.
Partida y llegada: La Culata de San Bartolomé de Tirajana.
Distancia: 13 kilómetros.
Desnivel: 930 metros.
Tiempo: 6 horas.
Dificultad: alta.
Cartografía: Hoja 1104-3 del IGN 1:25.000.
Información: turismo.maspalomas.com y turismo.maspalomas.com/botas-mochila
Observaciones: la ruta no es apta para principiantes ni personas con vértigo. Hay que evitar realizarla durante los meses de verano o días de mucho calor, así como con calima, viento, lluvia, niebla o nieve. Ausencia de señalización en todo el recorrido salvo la presencia de mojones de piedras, lo que obliga a realizar una buena planificación previa. La entrada al Cañadón Sombrío se realiza a través de una bifurcación poco evidente. Existencia de dos pasos delicados en el Cañadón del Jierro (tablas y caidero).