El escalador californiano Sean Leary Stanley (38) sufrió un accidente mortal cuando realizaba un salto BASE en Zion (Utah). Posiblemente el accidente se produjo el día 13 de este mes, pero hasta ayer no fue localizado el cuerpo, al darse la voz de alarma pues no se tenían noticias de él desde hacía una semana. No hay más información sobre lo sucedido. Sean Leary se encontraba solo cuando ocurrió el accidente. Su mujer está embarazada de seis meses.
Stanley había escalado el Capitán en más de 80 ocasiones y batió el récord de velocidad (2 horas, 36 minutos y 45 segundos) en la Nose, cuando la escaló con Dean Potter en 2010 [el récord actual está en manos de Hans Florine y Alex Honnold, 2012]. En 2012, junto con Mayan Smith-Gobat consiguió también el récord de una cordada mixta en la misma vía con un tiempo de 4 h 29 m. Había hecho tres vías en el Capitán en el día con Alex Honnold en 2010.
En Patagonia consiguió la primera en libre de El Mocho, de la Bonington/Whillans de la Torre Central del Paine y la cara este de La Espada. Escaló también en Baffin, donde firmó el primer grado VI de la isla en el Great Cross Pillars del fiordo Sam Ford; en Alaska; en la Antártida (apertura de la arista noreste del Ulvetanna junto con Leo Houlding, Jason Pickles, David Reeves, Chris Rabone y Alastair Lee; artículo en Desnivel 323), en Venezuela (con Leo Houlding, Jason Pickles, Alastair Lee, Alfredo ‘Yupi’ Rangel y Alejandro Lamus abren The Yopo Wall al Cerro Autana; artículo en Desnivel 315)…
Saltador BASE
Sean, además, era un saltador BASE muy activo e inquieto, aunque sus actividad siempre pasó muy desapercibida; por un lado, por su carácter discreto, por otra, por las prohibiciones vigentes en las paredes norteamericanas. Durante una entrevista (podéis leerla íntegra más abajo) hablamos con Stanley sobre el riesgo de esta actividad. Nos decía que unas de sus reglas era “estar algo asustado”, y añadía: “Si no siento un poco de miedo, necesito parar. Cuando sientes que estás haciendo algo cotidiano, es cuando cruzas una frontera peligrosa. Cuando tienes algo de miedo estás más pendiente de todos los riesgos. En el wingsuit [traje de alas] vas muy cerca de la pared y la concentración debe ser absoluta. Es difícil encontrar el equilibrio entre el miedo que te haga estar pendiente de todo pero no llegar al extremo de pasarlo mal. Creo que como alpinistas y escaladores tenemos algo en la mente que nos avisa de los riesgos. Sin sentimiento de riesgo, no hay vida para nosotros. Necesitamos sentir que estamos controlando nuestro propio destino, que no somos ovejas. En el salto base tienes que salvar tu vida cada vez que saltas, decidir cuándo abrir (…). En el primer año de salto base tuve dos experiencias malas (…). He estado 8 o 9 veces en momentos de peligro; tengo suerte”.
Chris McNamara, escalador de Yosemite y pionero del salto BASE con traje de alas, explica en su perfil de Facebook cómo introdujo a Stanley en el mundo del salto: “Vendí a Sean uno de mis equipos de BASE y a partir de ese momento se convirtió en el más prolífico saltador BASE americano de wingsuit de la historia. Nadie exploró tantos nuevos saltos en el Oeste como él. A pesar de que me retiré del salto BASE poco después de que Sean comenzara a practicarlo, lo he vivido indirectamente a través de él. Compartimos información sobre posibles saltos que nunca se habían hecho. Hablamos acerca de los peligros de este deporte, que son enormes. Él era plenamente consciente. Aquel delicioso momento de la edad de oro del BASE, con un desarrollo de la técnica y el diseño de los trajes de alas unido a la posibilidad de hacer muchas primeras, le atrapó. Un gran vuelo BASE es una de las sensaciones más increíbles. Y lo triste es que se ha llevado a demasiados amigos, incluyendo a uno de los grandes de todos los tiempos, Sean Leary”.
Carlos Suárez, con quien mantenía una estrecha amistad y había compartido escaladas y expediciones, muy afectado por la noticia, nos lo describía así: “Una persona que jamás hablaba mal de nadie. Con mucha clase personal. Muy fanático de la escalada y del salto BASE con traje de alas. Volaba muy bien. Lo último que hablé con él fue acerca de su futura paternidad. Me dijo que quería ser el padre que volase más seguro del mundo. Eso no va a poder ser. Había descubierto las posibilidades de estos nuevos trajes que te permiten salir volando de paredes de ciento y pico metros de altura lo que abría nuevos horizontes en zonas de escalada. En EEUU está prohibido saltar en muchos parques naturales, estaba encontrando nuevos saltos legales donde no era un proscrito como en Yosemite».
Entrevista a Sean Leary publicada en Desnivel 211 (mayo de 212).
Ha escalado el Capitán unas 70 u 80 veces. Ni siquiera se acuerda. Sean Leary (California, 23 de agosto de 1975) es de la opinión de que lo cuantitativo no vale para mucho; en cambio, las escaladas que dejan huella no hace falta apuntarlas en un cuaderno porque quedan grabadas para siempre en la memoria de sus protagonistas. Entre estas, seguro que Sean –él prefiere que le llamen Stanley– no olvidará sus escaladas en Patagonia, como la primera en libre de El Mocho, o sus liberaciones en Paine (Bonington/Whillans de la Torre Central y la cara este de La Espada), los big wall de Baffin, (firmó el primer grado VI de la isla en el Great Cross Pillars del fiordo Sam Ford ), ni tampoco sus experiencias alpinas en Alaska.
Sean, además, es el compañero de cordada que se rifan los mejores escaladores de tapia y los saltadores más creativos para culminar sus mejores actividades, como Dean Potter (récord en Nose), Alex Honnold (tres vías en el Capitán en el día) o Leo Houlding (Capitán y Half Dome en el día).
Sean, ¿por qué la escalada rápida?
El speed climbing es lo que más me atrae, es otro nivel de escalada. Tenemos escalada libre, escalada artificial, escalada de montañas…, pero esta es otra modalidad para practicar en vías como Salathe, y en lugares como Yosemite, donde tenemos un clima perfecto, vías muy repetidas y limpias y es posible ir corriendo. Resulta mágico poder escalar rutas de 34 largos en dos horas y media.
En The nose batisteis el récord ¡por 20 segundos!, ¿cómo contáis con tanta precisión el tiempo?
Cuando comienza el primero se pone el reloj en marcha en un sitio concreto del pie de vía. En la cima hay un arbolito y se para el crono cuando lo toca el que hace el último largo de segundo. Dean [Potter] y yo lo intentamos tres veces y al final [octubre de 2010] conseguimos batir el récord. Aprendimos mucho escalando la ruta varias veces; bajamos 30 o 40 minutos en cada intento cambiando la estrategia. Creo que es posible bajar hasta casi dos horas solamente por la estrategia. Tengo muchas ganas de volver e intentarlo de nuevo; Dean y yo vivimos en Yosemite y, cuando los dos nos veamos con la energía necesaria, volveremos. Pero también me interesa mucho la escalada libre; cuando escalas la Nose corriendo, el 98 por ciento es en libre, en torno a 5.10 o 5.11, pero también tiras de cintas, clavos… de todo lo que encuentras. Solamente hay tres tramos difíciles en libre: el Great Roof, el Changing Corners y el último largo, con chapas.
¿Qué material lleváis?
Casi nada: 5 o 6 friends, 17 cintas, una cuerda de 40 metros (porque escalamos en ensamble casi toda la vía, salvo algún largo que aseguramos, como el Great Roof y donde el segundo sube a jumars), otra de 20 m para los péndulos y rápeles, y nada de comida ni de agua.
Parece peligroso escalar una vía así con tan poco material.
Sabemos que es peligroso y por eso tenemos más cuidado. Somos conscientes de los tramos más expuestos y nos gritamos para recordarlo: “¡No te caigas, no te caigas! Ponemos los friends en los sitios más patinosos o en los que nos podamos caer. En escalada en ensamble, si cae el segundo arrastra al primero, y si no hay protecciones entre los dos… Y por eso siempre intentamos que haya una o dos piezas, un friend o una chapa. A veces tenemos dos pero, por ejemplo, en las Stovelegs, que tiene largos fáciles, 5.9, 5.8, algo de 5.10, hacemos tiradas de hasta 30 m sin nada.
¿Qué estrategia utilizáis para el speed climbing?
Dejamos como 25 o 30 m de separación, así el que va de primero va más liviano y podemos hablar; la comunicación es muy importante, necesitamos saber si uno de los dos necesita un seguro, si la protección está puesta, si quiere tiempo parta meter algo…
La confianza en el compañero debe de ser fundamental entonces.
Dean y yo pasamos tanto tiempo juntos que puedo sentir cuando él tiene miedo o se nota más inseguro, o cuando el está más cómodo y con energía. Pasamos tanto tiempo juntos que no necesitamos decir todo el rato: “¡Préstame atención!”, porque sabemos lo que siente el otro. Cuando Alex [Honnold] y Ueli [Steck] intentaron el récord de Nose, ellos no se conocían muy bien. No funcionó. Yo conozco a Dean desde hace 15 años, tenemos una gran amistad y pasamos mucho tiempo juntos, y hacemos solos juntos, y saltamos juntos. Hay good flow. Si alguna vez nos hemos metido a la Nose y la energía no era buena, nos hemos dado la vuelta. Con Dean todo va bien.
¿Cómo es Dean Potter?
Un hombre muy especial, muy inteligente, muy emocional y muy creativo. Y por eso ha inventado cosas como el free base o slakline base y siempre está pensando en combinar cosas para hacer algo nuevo. Es muy simpático y buena persona, pero también muy… intenso. Es uno de los más auténticos y a veces tiene un carácter difícil.
¿Estudiáis mucho el material y dónde ponerlo?
Sí, sabemos perfectamente dónde lo vamos a colocar, es fundamental no malgastar los friends. Llevamos arneses muy ligeros y mosquetones ligeros y pequeños, parecen llaveros [se ríe]. También una cuerda muy fina. Es la clave del speed climbing, al igual que en el estilo alpino.
¿Cómo fueron los tiempos en las cuatro escaladas que hicisteis a la vía con la intención de batir el récord?
En la primera hicimos unas cuatro horas y media, fuimos midiendo las distancias, marcando con magnesio algunas presas clave… En la segunda hicimos 3 horas 50 y en la tercera 2 horas 50. En la cuarta conseguimos el récord [2 horas 36 minutos 45 segundos]. Fuimos una vez más para bajar la marca pero la roca estaba demasiado mojada, fue justo después de una tormenta. Este año yo quería volver pero tenía una lesión en un pie.
¿Y si encontráis gente en la vía?
El día del récord estaba en la vía Jim Herson que hizo el récord en el 96, escalando la ruta en el día con un amigo. Fueron muy majos y nos dejaron pasar. Creo que había alguien más colgado ese día pero fue fácil pasarlos. Esto puede ser un problema, sobre todo en septiembre, octubre y noviembre, con la pared llena de gente haciendo una de las vías más clásicas del mundo.
¿Vais siempre uno de primero, os cambiáis?
Cambiamos cuatro veces. Creo que sería más rápido si uno hace toda la vía de primero, recuperando el material por la cuerda. Pero para nosotros es mejor estilo alternarnos en cabeza.
Supongo que es clave, cuando se os acaba el material, pasar el material al compañero.
Aprovechamos los cambios y los péndulos, como el King Swing, para que el segundo le pase el material al primero por la cuerda. Lo tenemos todo estudiado, aunque en algún tramo toca escalar hasta 5.10c sin protección. Pero a veces se olvidan cosas, como pasar el Grigri, o se atasca un jumar, y eso te quita minutos preciosos…, eso forma parte del juego.
Hans Florine fue el precursor de todo esto, ¿verdad? Incluso tiene una web que se llama speedclimbing.com.
Hans es muy buena gente. El récord fue suyo durante mucho tiempo, desde el 92, era ya como algo que le pertenecía a él. Pero lo perdió. Tiene ahora casi 50 años pero yo creo que volverá y sacará el récord porque es alguien muy constante, competitivo e incluso obsesivo con los récords. Tiene una lista cronológica con todos los récords de El Capitán. Es bueno que esto lo haga alguien, porque si no, la información estaría muy dispersa.
¿Hay mucha competitividad entre vosotros, los especialistas de speed climbing?
Creo que no, porque es más una competición contra uno mismo. Aunque cuando pierda el récord, sé que me sentiré más competitivo. Pero hay que entenderlo más como un arte, como la búsqueda de la escalada perfecta a The nose: estrategias, tiempo, técnica…, hacer una combinación de todo lo mejor posible.
¿Se extenderá esta tendencia a otras paredes del mundo?
Sí, seguro que a muchas paredes famosas. Ya está pasando en los Alpes. Es parte de la evolución de la escalada. Yo creo que el futuro es escalar las vías muy rápidas en libre, ahora estamos dándole a Freerider. Una ruta como Nose es problemática porque es 8b+, pero es un objetivo para el futuro.
Seguro que en el Himalaya, en el Trango, acabará habiendo algo parecido.
Sí. Uno de los secretos para ir más rápido es llevar menos material. Es más arriesgado si, por ejemplo, viene una tormenta, pero al mismo tiempo, si subes y bajas en dos días, hay más probabilidades de éxito. Así es como se crea el arte de escalar: se emplearon 40 días para abrir The nose y ahora se puede hacer en dos horas y media.
Con esa capacidad para sufrir (velocidad, tres vías en el Capitán en el día, Asgard…), ¿no te atraen los ochomiles?
Tengo ganas de ir a montañas grandes, pero se necesita dinero y yo estoy siempre sin dinero, es el problema de los escaladores. Me gusta mucho escalar en la roca, y me atraen montañas de Pakistán con paredes que no son tan altas. El Everest está bien porque es el pico más alto, pero la gente está haciendo una mierda allí. ..
¿Cómo empezaste a escalar? ¿Por qué Yosemite?
Nací a dos horas de Yosemite, estoy apegado a esta parte de California, es mi casa. Antes de empezar la universidad, a los 17 –aprendí a escalar con 15–, fui a Yosemite a hacer con un amigo una vía de cinco largos y me pareció impresionante. Encontré trabajo en el centro de visitantes y desde el primer momento quise pasar allí la mayor parte de mi vida. Aprendí a escalar en granito y me siento muy cómodo en el granito. Es un lugar mágico.
¿Y ahora de qué vives?
Hago algunos trabajos, como trabajos de altura, y tengo patrocinadores
¿Qué piensas de las prohibiciones, como la del salto base en Yosemite?
Es algo estúpido, se aplican leyes de 1930 que perseguían a los cazadores. No lo entiendo, hay cosas más preocupantes, como los hoteles, autobuses, muchos turistas, basuras…, pero el salto base casi no tiene impacto. Si te arrestan, estás un día en la cárcel y te quitan el equipo, que vale unos 3.000 euros, más otros 2.500 de multa. No somos criminales.
¿Cómo negocias con el riesgo en el salto base?
Una de mis reglas es siempre estar algo asustado. Si no siento un poco de miedo, necesito parar. Cuando sientes que estás haciendo algo cotidiano, es cuando cruzas una frontera peligrosa. Cuando tienes algo de miedo estás más pendiente de todos los riesgos. En el wingsuit [traje de alas] vas muy cerca de la pared y la concentración debe ser absoluta. Es difícil encontrar el equilibrio entre el miedo que te haga estar pendiente de todo pero no llegar al extremo de pasarlo mal. Creo que como alpinistas y escaladores tenemos algo en la mente que nos avisa de los riesgos. Sin sentimiento de riesgo, no hay vida para nosotros. Necesitamos sentir que estamos controlando nuestro propio destino, que no somos ovejas. En el salto base tienes que salvar tu vida cada vez que saltas, decidir cuándo abrir. ¡Tampoco es que sea una decisión muy difícil cuando ves lo rápido que sube la tierra hacia ti! [se ríe].
¿En algún momento has tenido la sensación de que has pasado la línea del control?
Sí, a veces. En el primer año de salto base tuve dos experiencias malas. Creo que si sobrevives al primer año, te queda mucho tiempo de saltador [risas]. He estado 8 o 9 veces en momentos de peligro; tengo suerte.
¿Qué mensaje les darías a los jóvenes que os admiran por vuestras escaladas, los saltos, los solos…?
Lo primero es que no hagan nada de esto para impresionar a otra persona, solamente para uno mismo. Y pensar mucho en las consecuencias de lo que haces. Dean [Potter] es impresionante, siempre tiene muy en cuenta lo que le puede pasar. Parece que lo hace todo de forma espontánea, pero a veces se ha pasado hasta seis años entrenando para hacerlo.
¿Crees que Alex Honnold asume demasiado riesgo?
No, él es muy inteligente y muy fuerte. Muy joven, sí, pero muy inteligente. También muy gracioso, muy humilde, y tiene mucho talento.
Darío RODRÍGUEZ